Comenzó a escribir ocasionalmente durante la guerra civil española, pero fue mientras hacía el servicio militar en Salamanca cuando se lanzó a la experiencia de escribir imágenes hipnagógicas. Ya en Barcelona, conoció a J.V. Foix en el año 1941 y, después, a Joan Miró y Joan Prats. Gracias a los consejos de éstos, sus primeros libros, La bola i l'escarabat (1941-43) o Fogall de sonets (1943-48), ganaron en elaboración y retórica, sin renunciar a las técnicas más estrictamente surrealistas.
En la misma línea neosurrealista, escribió Romancets del Dragolí (1948) y comenzó su trayectoria teatral, seguramente por la necesidad de introducir acción y movimiento a los poemas. En el año 1947 participó en la realización de la revista Algol, germen de lo que sería Dau al Set, los fundadores de la cual fueron Joan Brossa, Antoni Tàpies, Modest Cuixart, Joan Ponç, Arnau Puig y Joan Josep Tharrats.
Durante esta época también escribió prosas como la recopilación Proses de Carnaval (1949) o la pseudonovela Carnaval escampat o la invasió desfeta (1949). A partir del año 1950, la poesía de Brossa experimentó un giro hacia el compromiso social, en parte gracias al encuentro con el poeta brasileño Joâo Cabral de Melo.
Em va fer Joan Brossa de 1950 representa una ruptura formal y temática profunda (la realidad retratada con un lenguaje prosaico). Este interés político-social también lo manifestó Brossa en odas, sonetos y obras de teatro de una estructura más tradicional (Des d'un got d'aigua fins al petroli -1950-, Catalunya i selva -1953- o El pedestal són les sabates -1955-, entre los libros de poesía, y Cortina de muralles -1951-, Els beneficis de la nació -1958- o Or i sal -1959-, entre los de teatro). Pero, al lado, hubo un interés conceptual, que se desarrolló especialmente a partir de los años sesenta (Poemes civils -1960-, El saltamartí -1963-, etc.).
Además, paralelamente, inició experiencias de poesía visual y objetual, que lo condujeron hacia el mundo de la plástica. Sus colaboraciones con artistas son abundantes: El pa a la barca (1963), Novel·la (1965), Frègoli (1965) , etc., con Antoni Tàpies; Oda a Joan Miró (1973) y Tres Joans (1978), con Joan Miró; Cartipàs (1974) y La cabaleta (1974) con Moisès Villèlia; Tal i tant (1983), con Frederic Amat; El bosc a casa (1990) con Perejaume; Brossa i Chillida a peu pel llibre (1995), con Eduardo Chillida, etc.
En el campo teatral, los años sesenta representaron la intensificación de las acciones-espectáculo y de otros géneros parateatrales, como los monólogos de transformación o los ballets, ópera y conciertos, donde destacan las colaboraciones con Josep M. Mestres Quadreny y Carles Santos (Suite bufa de 1966 o Concert irregular de 1968). Por otro lado, a partir de la sorpresa que supuso en el momento de su publicación Poesia Rasa (1970) (selección de libros escritos desde 1943, continuada en Poemes de seny i cabell -1977- y Rua de llibres - 1980-) y los seis volúmenes de Poesia escènica (entre 1973 y 1983), Brossa se fue imponiendo como una de las figuras capitales de la literatura catalana contemporánea, a la vez que comenzaba a ser reconocido internacionalmente como artista plástico. Desde la primera exposición antológica en la Fundació Miró de Barcelona, Joan Brossa o les paraules són les coses (1986), las exposiciones y la confección de objetos se convirtieron en una constante para el poeta.
Además, sus piezas han llegado a la calle mediante los denominados poemas corpóreos, como el Poema visual transitable al Velòdrom de la Vall d'Hebron (1984) o Bàrcino, en la plaza de la catedral (1994), ambos en Barcelona, entre muchos otros.
De todas maneras, la dedicación a la plástica no interrumpió su producción literaria. Paralelamente a los poemas escénicos, visuales y objetos, Brossa no dejó de practicar el poema corto de carácter lúdico, breve y sorprendente (Els entra-i-surts del poeta. Roda de llibres 1969-75).Y en la década de los setenta comenzó a desarrollar un nuevo género poético, la sextina, forma medieval con la que experimentó hasta los límites (sus libros de sextinas están recogidos en Viatge per la sextina 1987).
En sus últimos libros, se constata una contenida y emotiva reflexión sobre la vida y la muerte, llena de digresiones y serenidad (Passat festes 1995, La clau a la boca 1997, Sumari astral, 1999). Recibió diferentes premios o reconocimientos (Premio Ciudad de Barcelona, 1987; Medalla Picasso de la Unesco, 1988; Premio Nacional de Artes Plásticas, 1992; Premio Nacional de Teatro de la Generalitat de Catalunya, 1998, etc.).